{"id":213,"date":"2026-05-13T11:04:49","date_gmt":"2026-05-13T09:04:49","guid":{"rendered":"https:\/\/dream.innobing.net\/?p=213"},"modified":"2026-05-19T10:02:42","modified_gmt":"2026-05-19T08:02:42","slug":"entre-el-logos-y-el-lag-una-experiencia-docente-en-tiempos-de-pedagogia-virtual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dream.innobing.net\/uk\/entre-el-logos-y-el-lag-una-experiencia-docente-en-tiempos-de-pedagogia-virtual\/","title":{"rendered":"Entre el logos y el lag: una experiencia docente en tiempos de pedagog\u00eda virtual"},"content":{"rendered":"<p>Imaginen una puerta cerrada&#8230;<br \/>\nNo es infrecuente en un aula, pero s\u00ed que nada se escuchara al otro lado, acaso un silencio que se\u00f1alaba con ecos sordos el lugar en que antes se percib\u00edan voces. Un vac\u00edo ominoso, no dial\u00f3gico, en un mes de marzo que deb\u00eda haber sido pirot\u00e9cnico y floral; pero que, muy al contrario, de repente, se acall\u00f3&#8230; El confinamiento lleg\u00f3 y, s\u00fabitamente, todo vir\u00f3 hacia otra direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde luego, yo no lo esperaba, pero me atrajo el desaf\u00edo pedag\u00f3gico del nuevo escenario. Creo que su origen, mucho antes de los estudios y las lecturas, vino del gusto por el cine. Ten\u00eda por costumbre, en las madrugadas de una juventud neblinosa y noct\u00e1mbula, el buscar, como si se tratara de fascinantes hallazgos, pel\u00edculas de toda condici\u00f3n. Ocasionalmente, me topaba con cintas que suscitaban mi inter\u00e9s de una manera especial: inici\u00e1ticas o de formaci\u00f3n, siempre hab\u00eda una trama donde el trasfondo pedag\u00f3gico, generalmente en una clase, fundamentaba una historia de fortalecimiento, rebeld\u00eda y superaci\u00f3n. Hab\u00eda muchas y, ciertamente, a veces, lo que me atrapaba de ellas pod\u00eda comenzar de una manera inopinada, como cuando segu\u00ed, como cuento de Hamelin, la melism\u00e1tica voz de Lulu en Rebeli\u00f3n en las aulas (1967). Otras, era la insurgencia promovida por el docente, bien en su versi\u00f3n masculina, El club de los poetas muertos (1989), o, despu\u00e9s, en su variante femenina, La sonrisa de Mona Lisa (2003), junto a todos aquellos descubrimientos cl\u00e1sicos como El peque\u00f1o salvaje (1970), Educando a Rita (1983) o El milagro de Ana Sullivan (1962), entre otras muchas. Sospecho que vislumbraba en ellas alguna de mis aspiraciones, todav\u00eda entreveradas, y, sin duda, me atra\u00eda la audacia de sus enfoques y metodolog\u00edas, que cuestionaban, por mero contraste, las directrices de la ense\u00f1anza tradicional -enciclopedismo, memorizaci\u00f3n, unidireccionalidad y, especialmente, la concepci\u00f3n de la evaluaci\u00f3n como elemento central de un proceso que parec\u00eda dejar fuera toda individualidad.<br \/>\nReflexiones y vivencias que iban en aumento, diferentes voluntariados, junto a los a\u00f1os de formaci\u00f3n, me permitieron zambullirme en la ense\u00f1anza en contextos plurales, interculturales y diversos.<\/p>\n<p>D\u00e9jenme decirles que trabajar como profesor de espa\u00f1ol en una ONG, particularmente, en el programa de Protecci\u00f3n Internacional, con personas solicitantes de asilo, es una tarea adictiva y gratificante -comencemos por ah\u00ed-; pero tambi\u00e9n esforzada. Olv\u00eddense de situarse frente a una clase homog\u00e9nea, de grupo cerrado y estabilidad econ\u00f3mica relativa. No es la Welton Academy ni el Wellesley College, tampoco el barrio depauperado del Londres de algunas de esas pel\u00edculas, donde, m\u00e1s all\u00e1 de su estrato socioecon\u00f3mico, todo el colectivo representaba una suerte de unicidad, con alguna an\u00e9cdota divergente, a lo sumo. En las clases de cualquier ONG -y as\u00ed ocurre en Accem en Valencia, donde trabajo a diario-, lo que impera es una ub\u00e9rrima y generosa alteridad, que se desborda, cultural y psicol\u00f3gicamente, en un conjunto de unos y otros. Heterogeneidad como eclosi\u00f3n ontol\u00f3gica, como erupci\u00f3n pirocl\u00e1stica de personalidades ricas y complejas que, adem\u00e1s, se escanciar\u00e1n en las clases de los primeros niveles de manera continua e intermitente, como corresponde a un relato biogr\u00e1fico in media res.<br \/>\nNivelar destrezas en personas adultas con diferentes edades y formaci\u00f3n, constituir un grupo estable, generar v\u00ednculos entre todos los participantes, es una de mis principales tareas en estos primeros estadios, donde confluir\u00e1n muchos nombres, muchos or\u00edgenes&#8230; Y, sin embargo, pese a sus diferencias, todos ellos compartir\u00e1n, en su principio formal, algo com\u00fan, una ruptura, un quebranto interior: el alejamiento forzado del pa\u00eds de origen. Pero, asimismo, un poderoso aliado: el valor de una decisi\u00f3n y el coraje de un primer paso&#8230;<br \/>\nEn un ser que fue y que anhela seguir siendo, el alumno mostrar\u00e1 como fortaleza su capacidad de adaptaci\u00f3n -acaso m\u00e1s feliz que el de resiliencia-, pues, junto a las situaciones adversas de las que sobreponerse, experimentar\u00e1, asimismo, el contacto con las nuevas oportunidades y, con ellas, renacidas expectativas, que ser\u00e1n la base de su motivaci\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, pronto advert\u00ed que, junto a esas primeras sonrisas, que son sinceras, hab\u00eda variables que se introduc\u00edan en el proceso de ense\u00f1anza-aprendizaje. M\u00e1s expl\u00edcita en unos, m\u00e1s velada en otros, aparec\u00eda como constante una fluctuaci\u00f3n emocional derivada de los efectos del s\u00edndrome de Ulises, los procesos de duelo migratorio, la necesidad por encontrar vivienda propia, tras la convivencia colectiva, las urgencias de acceder al mercado laboral o el anhelo de reencontrarse con todo aquello que hac\u00eda de esa persona -en otra geograf\u00eda, en otra distancia-, un ciudadano completo y establecido. Y, por si no fuera suficiente, a\u00f1\u00e1danle, cual espada de Damocles, una solicitud de asilo que puede denegarse y, con ello, todas las ayudas, que, en cualquier caso, son siempre de car\u00e1cter temporal. (Tic, tac).<\/p>\n<p>Profundo el escenario, necesario el esfuerzo&#8230; Acaso recordando a aquellos mentores del celuloide, quise evitar, desde el comienzo, una ense\u00f1anza poscolonial -ya saben, &#8220;solo aprender\u00e1s lo que necesites para sobrevivir&#8221;-. Me parec\u00eda, por encima de todo, una limitaci\u00f3n arbitraria -\u00bfqui\u00e9n lo determina?-. Cab\u00eda la adaptaci\u00f3n, el \u00e9nfasis -trabajo, salud, vivienda-; mas no la renuncia. Al contrario, deb\u00eda promover -me dec\u00eda en alguna noche de gatos pardos- los aspectos preexistentes de la estructura cognitiva de los alumnos, introduciendo con equilibrio sus emociones, sus conocimientos del mundo, sus habilidades o gustos. Esto permitir\u00eda estimular con diversas v\u00edas sus inteligencias y crear con ello los andamiajes precisos para asimilar contenidos despu\u00e9s&#8230;<br \/>\nDebo confesar que en esas noches apuntaba m\u00e1s cosas en mi cuadernillo: &#8220;el ambiente ha de ser relajado y atractivo&#8221;, &#8220;la oralidad como base comunicativa&#8221;, &#8220;el aprendizaje significativo&#8221;. Y si, de repente, comenzaba a llover y se escuchaban las gotas repiqueteando en la ventana, me ven\u00eda arriba y escrib\u00eda: &#8220;las disonancias cognitivas son aprovechables&#8221;, el tiempo es limitado, pero hay tiempo&#8221;, &#8220;la atenci\u00f3n a la diversidad como axioma, no como clich\u00e9&#8221;. Por fortuna, al despertar al d\u00eda siguiente, con la tormenta ya distante, las ideas segu\u00edan apuntadas.<\/p>\n<p>Lo cierto es que en estas clases he confirmado, d\u00eda a d\u00eda, lo acertado de considerar a cada persona como una oportunidad de descubrimiento para ambos. No siempre es f\u00e1cil, sin embargo. A menudo exige tiempo y diferentes estrategias, adem\u00e1s del necesario (y enriquecedor) intercambio de informaci\u00f3n con el resto de profesionales de Protecci\u00f3n Internacional, como corresponde a un trabajo integral. Desde luego, no es este un relato id\u00edlico: es un esfuerzo social, muchas veces agotador, con sus carencias y sus apremios; otras, interrumpido, con su desgarro; pero, entre unos y otros, avanzamos.<br \/>\nY as\u00ed debiera haber sucedido durante este a\u00f1o 2020, hasta que una ma\u00f1ana el mundo vir\u00f3&#8230;<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 un par de d\u00edas antes del 14 de marzo. Se tom\u00f3 la decisi\u00f3n de cancelar las clases por precauci\u00f3n. Los correos electr\u00f3nicos comenzaron a llegarme. Eran los alumnos preguntando. El 15 de marzo, el presidente del Gobierno, Pedro S\u00e1nchez, decretaba el estado de alarma y, con ello, el confinamiento. Miles de docentes se activaron en esos d\u00edas para dar clases por videoconferencia; yo fui uno m\u00e1s, en esos momentos de confusi\u00f3n. El 18 de marzo ya ten\u00eda abiertos tres grupos, con los que me reun\u00eda a diario. En el transcurso de ese tiempo de aislamiento y asepsia social, pude comprobar lo positivo que fue para todos nosotros ver otros rostros, compartir preocupaciones, desterrar bulos o recordar consejos, mientras sent\u00edamos que progres\u00e1bamos, que no se hab\u00eda detenido todo lo que ya funcionaba desde hac\u00eda meses. Sin duda, fueron momentos de procesamiento y cada segundo invertido mereci\u00f3 la pena; pero, cuando llegaba el fin de semana, sent\u00eda una inquietud que se acrecentaba conforme pasaban los d\u00edas&#8230; Hab\u00eda otros.<br \/>\nOtros y otras que no dispon\u00edan de conexi\u00f3n wifi, que carec\u00edan de las competencias digitales necesarias o, sencillamente, eran reci\u00e9n llegados a nuestros dispositivos de acogida. \u00bfQu\u00e9 hacer con ellos?, me preguntaba.<\/p>\n<p>En esas estaba una tarde a las ocho, cuando comenc\u00e9 a escuchar aplausos. Sal\u00ed al balc\u00f3n y, de repente, comenc\u00e9 a fijarme en los muchos ni\u00f1os que hab\u00eda all\u00ed, agitando sus palmas con ganas, mirando alrededor, como entusiasmados. Me encant\u00f3 esa energ\u00eda de los primeros aplausos, los m\u00e1s bienintencionados y espont\u00e1neos. Pens\u00e9 en sus padres, en c\u00f3mo ocupar\u00edan su tiempo con ellos. Ese pensamiento (continuaba la ovaci\u00f3n) me llev\u00f3 a los comentarios de mis compa\u00f1eros acerca de sus propios hijos, que intercambiaban recursos, cuentos o v\u00eddeos para entretenerles.<br \/>\nLo cierto es que yo estaba perge\u00f1ando ya la creaci\u00f3n de unos audios. Su formato ser\u00eda el sketch, secuencias de unos cuatro o cinco minutos que recrear\u00edan escenarios reconocibles de la vida cotidiana, apoyados por sonidos caracter\u00edsticos y m\u00fasica. Buscaba una transferencia de aprendizaje, pero, con el fin de no traicionar la vertiente comunicativa, requer\u00eda de voces al margen de la m\u00eda que favorecieran los peque\u00f1os di\u00e1logos y ofrecieran una mayor paleta de colores. \u00a1Los ni\u00f1os!, exclam\u00e9. Con los \u00faltimos aplausos, me encamin\u00e9 hacia el ordenador y lo anunci\u00e9. La disposici\u00f3n de sus padres fue absoluta, la implicaci\u00f3n de sus hijos -ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes-, magn\u00edfica.<br \/>\nDe esta forma, durante cuatro semanas, les fui enviando unas gu\u00edas de audiciones y mensajes personalizados. En ellas, junto a las frases que deb\u00edan registrar, introduc\u00eda una suerte de metalenguaje infantil para que se sintieran aut\u00e9nticos colaboradores, por lo que les explicaba los objetivos y los destinatarios. Su estructura era modular, de manera que cada persona hiciera justo lo que le apeteciera, sin ninguna exigencia innecesaria. Adem\u00e1s, como ocurri\u00f3, si alguno de ellos no deseaba grabar su voz, pero sent\u00eda especial predilecci\u00f3n por la m\u00fasica, por ejemplo, pod\u00eda enviarme alg\u00fan pasaje interpretado al piano, que tambi\u00e9n introducir\u00eda en el producto final. Y, as\u00ed, conformamos entre todos -tambi\u00e9n con el concurso de sus progenitores-, un repertorio amplio para generar, durante el confinamiento, audios semanales, que recib\u00edan los alumnos en sus m\u00f3viles, listos para reproducirse.<br \/>\nComo ven, los escenarios de una ONG son muy diversos. M\u00e1s, si cabe, en una pandemia. Se requiere de cierta predisposici\u00f3n a la novedad para poder responder a lo inesperado; pero a sus dificultades se suman tambi\u00e9n pasajes conmovedores, historias humanas llenas de intenci\u00f3n y empat\u00eda. As\u00ed acontece tambi\u00e9n en nuestra sociedad.<\/p>\n<p>Comenzaba este texto hablando de puertas cerradas. Perm\u00edtanme concluirlo con una ventana que queda abierta, la de un aula, con la confianza de que hayan percibido los procesos, intuido los v\u00ednculos, vislumbrado sus din\u00e1micas; as\u00ed como el esfuerzo de unos alumnos y de unas alumnas, personas de otras tierras, que se integran, que aportan y que, sin duda alguna, tambi\u00e9n ense\u00f1an.<\/p>\n<p><strong>Rafael de Luque Esteban<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Imaginen una puerta cerrada&#8230; No es infrecuente en un aula, pero s\u00ed que nada se escuchara al otro lado, acaso un silencio que se\u00f1alaba con ecos sordos el lugar en que antes se percib\u00edan voces. 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